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TRABAJANDO CON LA GENTE: UNA EXPERIENCIA DE DESARROLLO EN 500 PÁGINAS

Trabajando con la gente es el título del libro de Javier Herrán, rector de la Universidad Politécnica Salesiana. Su experiencia como misionero salesiano en el mundo indígena de la sierra ecuatoriana, está plasmada hoy en un libro en el que analiza el modelo comunicación/acción/participación, parte sustancial de su tesis doctoral. Una publicación que recoge la experiencia de la Casa Campesina de Cayambe y de radio Majestad, como punta del ovillo para enfrentar el tema de la comunicación para el desarrollo. En este espacio queremos recoger las palabras de Fernando Garcés, antropólogo, quien, la tarde de la presentación del libro, hizo algunos apuntes y comentarios al libro.

 

 

Comentarios al libro de Javier Herrán Trabajando con la gente. Comunicación-acción-participación en comunidades indígenas de los Andes ecuatorianos

Fernando Garcés V.

Parafraseando el título de una canción del grupo chileno Illapu, Tres versos para una historia, quisiera empezar mi intervención contando “tres referencias para un comentario”.

La primera tiene más de chisme que de referencia. Chisme porque no sé si la escuché del mismo Javier o si otra persona me la contó. Se trata de su experiencia de “cura obrero” que, si las fuentes del chisme son ciertas, en estricto la realizó cuando estudiaba teología en España.

La segunda referencia tiene que ver con una conversación realizada en julio de 1984 en Zumbahua; un joven entusiasta quería irse a vivir a una comunidad indígena de la zona y Javier dio cuenta del debate que se había dado unos años antes en el Equipo Pastoral de Zumbahua acerca de si la comunidad de salesianos debía optar por una Pastoral de Testimonio o por una Pastoral de Servicio y la decisión de apoyar a las comunidades indígenas a través de la segunda opción. La Pastoral de Testimonio apuntaba a la propuesta de inculturación del Evangelio que se consignaba en los documentos eclesiales de la época; la Pastoral de Servicio, por el contrario, hacía referencia al apoyo a las comunidades bajo el formato de mejorar las condiciones de vida de las mismas comunidades a través del desarrollo de iniciativas educativas y productivas.

La tercera y última referencia tiene que ver con un debate que se dio en esta universidad hace 15 años a propósito de un libro publicado por José Sánchez-Parga en el que planteaba que la ciencia antes que aplicada debía ser aplicable.

Estos datos, referencias o historias no son aleatorios al comentario del libro Trabajando con la gente de Javier Herrán. Son importantes para comprender al autor y su obra y para situar el lugar desde donde habla-escribe. Habiendo pasado él mismo por la experiencia de trabajar con la gente desde las propias condiciones materiales obreras a la opción de apoyar los procesos de desarrollo de las comunidades, Javier asume el desafío de hacer teorizable y –si se me permite lo burdo del término- “cientifizable” su propia práctica.

Diré rápidamente que el libro da cuenta de la experiencia de la Casa Campesina de Cayambe durante 25 años de comunicación-desarrollo en comunidades indígenas andinas de dicha zona. Está estructurado en 5 capítulos y unas conclusiones. En el primer capítulo se da cuenta del proceso de construcción discursiva y práctica en torno al desarrollo. En el segundo, se caracteriza la comunidad andina en sus distintas dimensiones: histórica, cultural, territorial, organizacional. El tercer capítulo explica el modelo conocimiento / acción que servirá como marco comprensivo de la experiencia de la Casa Campesina de Cayambe y de Radio Mensaje. En el cuarto capítulo se presenta el Proyecto de Comunicación para el Desarrollo como un modelo adaptativo implementado en la experiencia de Cayambe y muestra su vinculación con la comunicación / acción. Finalmente, el quinto capítulo se centra en el trabajo de Radio Mensaje y la propuesta específica entre las comunidades de Cayambe. Las conclusiones recogen los principales aportes de la investigación desde el punto de vista conceptual, desde el punto de vista metodológico, desde el punto de vista de las prácticas validadas, terminando con el señalamiento de las futuras líneas de investigación.

En lugar de resumir lo que se dice en cada capítulo, quisiera pensar en algunos aspectos sugerentes para la reflexión, esperando con ello motivar a los futuros lectores de la obra.

La idea central del libro se puede encontrar identificando los “enemigos” del autor; estos serían 1) el desarrollo economicista que no considera la integralidad del ser humano y 2) la planificación moderna de arriba hacia abajo, con sus estándares y rigideces. La propuesta central del libro, entonces, es la apuesta por el desarrollo basado en la planificación de abajo hacia arriba, donde gracias a la participación se va definiendo el mismo desarrollo, no desde una planificación previamente armada sino desde la que resulta del diálogo, la escucha y la construcción colectiva de las acciones de desarrollo, desde el conocimiento/acción que surge de la propia producción discursiva.

Como ya adelanté, en el primer capítulo Herrán tipifica los modelos de relación comunicación – desarrollo, mostrando los tres enfoques que han nutrido esta relación: el de la comunicación de apoyo al desarrollo, el de la comunicación de desarrollo y el de la comunicación alternativa para el desarrollo, afiliándose de manera definitiva en este último enfoque.

Como se dice en una de las entrevistas, Radio Mensaje no hace comunicación de denuncia ni de cambio revolucionario; antes bien su esfuerzo se centra en mejorar la vida de las personas a partir de las condiciones en las que se encuentran. Es en este sentido que la opción teórica y vivencial del autor está enfocada en pensar las alternativas de desarrollo antes que las alternativas al desarrollo como él mismo sugiere que ha sido planteado en las últimas décadas por autores latinoamericanos como Arturo Escobar. Ello no le impide apostar por homologar el desarrollo de abajo a arriba a la propuesta del sumak kawsay desplegada por las organizaciones andinas en las últimas décadas. Lo cierto es que el texto de Javier resulta fundamental para, en lugar de preguntarse por qué no ha funcionado el desarrollo, analizarlo a fin de entender cómo hemos llegado a ser producidos por el desarrollo. En este sentido, la propuesta de un desarrollo de abajo a arriba tendría como consecuencia que quienes son los desarrolladores también deberían terminar desarrollándose, civilizacionándose, convirtiéndose, para usar una metáfora colonial inversa a la que durante siglos ha acompañado el modelo de desarrollo con sus antecesores: la conquista, la evangelización y la civilización. Las entrevistas que aparecen en el último capítulo del libro muestran este proceso de aprendizaje que el equipo de la CCC ha hecho a partir de las prácticas de las comunidades indígenas.

Las comunidades indígenas no son más lo que eran. En las últimas décadas han perdido importantes espacios de control sobre sus recursos (tierra y agua, principalmente) y sobre su población (proliferación de un variado tipo de organizaciones: directivas de padres de familia, comités de mujeres, clubes deportivos). Al parecer estas organizaciones y las organizaciones de segundo grado tienen más peso e importancia que las comunas que son las organizaciones matrices de base. Esto ha acelerado cambios determinantes a partir del fenómeno de la movilidad, no sólo física (migración, migración temporal, etc.) sino movilidad imaginativa, cognitiva, afectiva, etc. Eso hace que paradójicamente los discursos sobre identidad y revitalización cultural sean muy fuertes, porque se hablan desde otros lugares de enunciación distintos del de la propia comunidad. Y en este contexto el rol de Radio Mensaje sintoniza con estos cambios que han operado en la zona en los dos sentidos antedichos, tanto desde la inserción en nuevos procesos económicos y orgánicos, como desde los esfuerzos de revitalización cultural.

En el texto se reflexiona sobre la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt a propósito de poner en diálogo sus postulados con las prácticas de la comunidad salesiana. Como se sabe, una de las ideas fuerza de la teoría crítica, desarrollada por Horkheimer es que una teoría tradicional trabaja sobre el supuesto de construcción de un objeto que permite la actividad teórica pura del sujeto, mientras la teoría crítica parte de la comprensión de que sujeto y objeto de investigación y de reflexión se encuentran marcados por su propia situación histórica y, en tal sentido, sólo es posible una labor crítica en la medida en que se plantee explícitamente el interés, “ínsito en ella, por la supresión de la injusticia social” (M. Horkheimer, 1937:  270). Desde el punto de vista performativo esto es lo más interesante del libro de Javier, como ya insinué a propósito de la aplicabilidad de la ciencia. Herrán nos presenta el modelo de comunicación – acción, comunicación – práctica como desencadenante de sinergias y creatividad. Sin embargo, más allá de este modelo, el libro mismo es el resultado de su esfuerzo, no por teorizar sino, por transformar las condiciones de injusticia social que históricamente han marcado las sociedades indígenas. Y desde aquí es importante pensar el rol de la academia y la universidad. No como un desprecio por los constructos teóricos sino como la permanente alineación a su vocación de ser voz, pensamiento y acción crítica ante una sociedad marcada por la solitariedad, en lugar de la solidaridad, por la des-comunalización, en lugar de la comunalidad, por la atomicidad, en lugar de la relacionalidad, por la institucionalización de la vida, en lugar del crecimiento de la vida.

Para terminar, sólo quisiera señalar tres ingredientes que he echado de menos al leer el texto de Javier y que pueden servir para seguir alimentando esas páginas abiertas a la experiencia y a la reflexión.

El primero es la ausencia de una mirada autocrítica frente al optimismo del modelo conocimiento – acción – participación. Y ello, no por ningún afán de morbosidad intelectualoide de avanzada, sino en la perspectiva educativa de aprender también de las limitaciones de la propia experiencia de comunicación y de su modelo.

El segundo es la ausencia de la voz de los “desarrollados”. En el último capítulo se escucha la voz de los que han participado de la experiencia de la CCC en cuanto agentes-aprendices del Proyecto de Comunicación para el Desarrollo; sin embargo, no se escucha la voz de los dirigentes, de las comuneras, de los y las “participantes” de la propuesta. Se enriquecería el texto si se contara con la propia percepción de aquellos con quienes se ha trabajado.

Finalmente, habría esperado un poco más información “empírica” que dé fuerza demostrativa a las prácticas de comunicación-acción-participación. Aparte de las lecciones aprendidas sobre el proyecto de la Cuenca del río La Chimba y del modelo exportable de Radio Mensaje hubiera sido muy rico visualizar los procesos de toma de decisión conjunta en los proyectos, o la manera como se plasma la participación de los comuneros en los programas de la radio, o el procedimiento fino de acceso a los microcréditos, etc.

Nada de esto, sin embargo, oscurece la riqueza de un texto en el que se puede aprender no sólo a reflexionar sobre las potencialidades de la construcción colectiva del conocimiento sino de la necesidad de hacerlo “trabajando con la gente”, que es lo que Javier nos ha enseñado desde hace muchos años.

Yupaychani Javier, kampak kamutaka killkakatinata sakichiwashkamanta. Tukuy shunkuwan kampak rurayta kushiyanimi!!!