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Cuando desaparece una cultura, desaparece un patrimonio

Por Juan Bottasso

Abya-Yala ha superado ya una meta no fácil de alcanzar: cuarenta años de existencia. Nacida como “Mundo shuar” en 1975, en 1983 asumió la denominación actual.   Son cerca de 3000 los títulos publicados, todos ellos intentando ser fieles a la consigna inicial: no ser una editorial genérica, sino dedicarse   a dar a conocer las riquezas de las culturas autóctonas de América.

A lo largo de estas décadas el interés por las culturas de los pueblos originarios del continente ha ido variando. Tal vez el momento en que alcanzó el punto más alto fue el año 1992, fecha del llamado descubrimiento de América, también a causa de las polémicas    que se desataron.

Lo que sí ha ido quedando siempre más evidente es el paso de una visión del indígena como una presencia folclórica o el testigo de un mundo anacrónico a otro concepto totalmente diferente: el de un conjunto de pueblos que constituyen un verdadero patrimonio para el país y para la humanidad.

Cada cultura es el fruto de un larguísimo proceso de elaboración de un grupo humano, en su esfuerzo para adaptarse al ambiente, establecer códigos que regulan la conducta entre sus miembros y contestar a las grandes preguntas frente al misterio de la existencia.

Cuando desaparece una cultura se pierde para siempre un patrimonio humano irremplazable. Si se invierte tanto para conservar los tesoros arqueológicos y arquitectónicos del pasado con una razón igual, y hasta mayor, se deben hacer esfuerzos para que las culturas sigan viviendo y se conozcan.

La globalización está lanzando un reto formidable a la pervivencia de la multiplicidad de las culturas. Un peligro evidente es que nos encaminemos hacia una homogenización de todas ellas. Exactamente por esto, hay que multiplicar las iniciativas para defender la variedad de las expresiones que el ser humano ha sabido crear sobre la tierra.

A lo largo de estos cuarenta años centenares y centenares de autores, ecuatorianos y extranjeros, han contribuido a enriquecer el catálogo de Abya – Yala, con el fruto de sus investigaciones; no pocos de ellos son indígenas.

El Centro Cultural Abya – Yala y su editorial se proponen seguir ofreciendo al mayor número posible de personas interesadas en esta gran aventura, la oportunidad de llegar al gran público con una información cuyo valor es evidente.

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